Cuerpos que no piden permiso: las mexicanas que se atrevieron a quererse sin condiciones
Hubo un tiempo en que Valeria Mendoza se paraba frente al espejo cada mañana y hacía una lista mental de todo lo que estaba "mal" en ella. Los muslos demasiado grandes, la piel oscura que su familia llamaba "prieta" con un tono que dolía, el cabello chino que nunca obedecía las tendencias. Tenía veintidós años y ya cargaba con décadas de mensajes que le decían, de mil formas distintas, que su cuerpo era un problema por resolver.
Hoy, Valeria tiene veintinueve años y administra una comunidad en línea de más de cuarenta mil mujeres en México que se llama Sin filtro, sin pena. "Llegó un momento en que me cansé de vivir en guerra con mi propio cuerpo", cuenta. "Y cuando empecé a hablar de eso en voz alta, descubrí que no estaba sola. Que éramos millones."
La historia de Valeria no es un caso aislado. En los últimos años, algo ha estado cambiando silenciosamente en la forma en que muchas mexicanas se relacionan con su imagen, su piel y su identidad. Un movimiento que no tiene un solo nombre ni una sola cara, pero que se puede sentir en las redes sociales, en los escaparates de marcas emergentes y en conversaciones que antes simplemente no ocurrían.
El peso de un molde imposible
México tiene una relación complicada con la belleza. Por un lado, es un país de una diversidad física extraordinaria: mujeres indígenas, afromexicanas, mestizas, con cuerpos de todas las formas y tonos de piel que van del más claro al más profundo. Por el otro, los medios de comunicación, la publicidad y el entretenimiento han proyectado durante décadas un ideal muy estrecho: delgada, clara, de rasgos europeos, joven para siempre.
Ese molde tiene consecuencias reales. Según datos de la Secretaría de Salud, México es uno de los países con mayor prevalencia de trastornos de la conducta alimentaria en América Latina, y las mujeres jóvenes son el grupo más afectado. El colorismo —la discriminación basada en el tono de piel— sigue siendo una realidad cotidiana que afecta las oportunidades laborales, las relaciones y, sobre todo, la autoestima.
"Nos enseñaron que el cuerpo es algo que hay que controlar, moldear, esconder o corregir", explica la psicóloga Daniela Ríos, especialista en imagen corporal con sede en Guadalajara. "Pero cada vez más mujeres están cuestionando de dónde vienen esos mensajes y por qué los hemos aceptado como verdades absolutas."
Las emprendedoras que cambiaron las reglas del juego
Una de las expresiones más concretas de este cambio está en el mundo del emprendimiento. En los últimos cinco años han surgido en México decenas de marcas fundadas por mujeres que pusieron la inclusividad en el centro de su propuesta, no como estrategia de marketing, sino como convicción.
Tomemos el caso de Raíz Cosmética, una marca de maquillaje fundada en 2020 por Adriana Solís en Monterrey. Adriana, de origen oaxaqueño, pasó años sin encontrar una base de maquillaje que se adaptara a su tono de piel morena. "Las marcas grandes siempre tenían doce tonos y los últimos tres eran los únicos que se acercaban a lo que yo necesitaba, y aun así quedaban mal", recuerda. Hoy, Raíz ofrece cuarenta y dos tonos diseñados específicamente para pieles latinoamericanas, y ya exporta a cinco países.
O el caso de Todas las Tallas, una línea de ropa fundada en la Ciudad de México que va desde la talla XS hasta la 5XL sin cambiar el diseño ni el precio. "No existe la 'talla plus' en nuestra tienda", dice su fundadora, Camila Ortega. "Existe la talla de cada quien. Punto."
Estas emprendedoras no solo están construyendo negocios; están enviando un mensaje cultural que cala hondo: tu cuerpo no es una versión defectuosa del estándar. Es simplemente tu cuerpo.
Activismo desde la piel
Más allá del emprendimiento, hay voces que trabajan el tema desde el activismo y la comunicación. Figuras como la ilustradora Fernanda Chávez, conocida en redes como @gorditafeminista, llevan años dibujando cuerpos gordos, morenos y con cicatrices en situaciones cotidianas: leyendo, bailando, amando, existiendo sin drama ni justificación.
"Cuando empecé a publicar mis ilustraciones, la gente me preguntaba por qué dibujaba cuerpos 'así'", cuenta Fernanda. "Y yo les preguntaba: ¿así cómo? ¿Cómo los cuerpos reales que existen en el mundo? El problema no era mi dibujo. Era que nunca habían visto ese tipo de cuerpo representado como algo normal y hermoso."
En el ámbito académico y comunitario, colectivos como Cuerpo Libre en Puebla organizan talleres gratuitos en colonias populares donde trabajan con mujeres de todas las edades para desmontar los mensajes que han recibido sobre su físico. "No es terapia, es conversación", aclara una de sus coordinadoras. "Pero muchas veces esa conversación hace lo que años de silencio no pudieron."
El papel de las redes: espejo o trinchera
Las redes sociales son un arma de doble filo en esta historia. Por un lado, los algoritmos siguen favoreciendo ciertos tipos de cuerpos y penalizando a quienes se salen del molde. Por el otro, esas mismas plataformas han permitido que voces antes marginadas encuentren comunidad y audiencia.
"Antes, si eras una mujer gorda o morena en los medios, eras el chiste o la amiga fea de la protagonista", señala Daniela Ríos. "Hoy puedes abrir TikTok y encontrar a alguien que se parece a ti hablando de su vida con total naturalidad. Eso tiene un impacto enorme en cómo te ves a ti misma."
Valeria Mendoza, la creadora de Sin filtro, sin pena, lo confirma desde su experiencia: "Las mujeres que más me escriben no son las que buscan tips de belleza. Son las que me dicen 'gracias por existir, pensé que era la única que se sentía así'. Eso es lo que más me mueve."
Quererse no es un lujo
Hay algo importante que señalan todas las mujeres con las que hablamos: el amor propio no es un destino al que se llega de golpe, ni un estado permanente de euforia frente al espejo. Es un trabajo cotidiano, a veces difícil, que ocurre en medio de una cultura que sigue mandando mensajes contradictorios.
"Hay días en que me miro y me siento poderosa", admite Valeria. "Y hay días en que el ruido de afuera es muy fuerte y tengo que recordarme activamente todo lo que sé. Eso también es parte del proceso."
Lo que sí ha cambiado, de manera irreversible, es que cada vez más mexicanas tienen acceso a un lenguaje, a una comunidad y a referentes que les permiten cuestionar lo que antes simplemente aceptaban. Y eso, aunque no se vea en los titulares grandes, es una revolución.
Una revolución que no pide permiso. Que no espera validación. Que existe, ocupa espacio y se quiere exactamente como es.