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Sanar en voz alta: el movimiento que está devolviendo la salud mental a las mexicanas

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Sanar en voz alta: el movimiento que está devolviendo la salud mental a las mexicanas

Photo: Ralf Roletschek, GFDL 1.2, via Wikimedia Commons

Hubo un tiempo en que decir «me siento sola» era casi un acto de valentía. Para muchas mujeres en México, admitir que algo duele por dentro significaba cargar con etiquetas incómodas: «exagerada», «loca», «débil». Pero algo está cambiando. En las colonias populares de la Ciudad de México, en los pueblos de Oaxaca, en los grupos de WhatsApp que nadie esperaba que se convirtieran en redes de apoyo, las mexicanas están aprendiendo —juntas— a poner palabras a lo que sienten.

El peso del «yo puedo sola»

México tiene una relación complicada con el sufrimiento emocional. Culturalmente, se ha celebrado a la mujer que aguanta, que sonríe aunque le duela, que antepone a su familia antes que a sí misma. La figura de la madre abnegada, tan arraigada en el imaginario colectivo, durante mucho tiempo dejó poco espacio para que las mujeres dijeran «necesito ayuda».

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), México reporta tasas preocupantes de depresión y ansiedad entre mujeres, con cifras que se dispararon tras la pandemia de COVID-19. Sin embargo, el acceso a servicios de salud mental sigue siendo limitado: apenas el 2% del presupuesto de salud pública se destina a atención psiquiátrica y psicológica, según la Organización Mundial de la Salud.

Pero donde las instituciones fallan, las mujeres se organizan.

Voces que abren puertas

Mariana Solís tiene 34 años y vive en Monterrey. Hace tres años, después de un colapso nervioso que la dejó sin poder levantarse de la cama durante semanas, decidió documentar su proceso de recuperación en redes sociales. «No pensé que alguien me fuera a leer. Solo necesitaba sacar lo que traía adentro», cuenta. Hoy, su cuenta de Instagram tiene más de 80,000 seguidoras que comparten sus propias experiencias en los comentarios.

Historias como la de Mariana se multiplican. En TikTok, en podcasts, en blogs personales, las mexicanas están construyendo una conversación que antes existía solo en consultorios privados a los que pocas podían acceder. La psicóloga clínica Daniela Fuentes, con consulta en la Ciudad de México, observa este fenómeno con esperanza pero también con matices. «Las redes sociales democratizaron la conversación sobre salud mental, y eso es valioso. Pero también hay mucha desinformación. El reto es que la gente pueda distinguir entre el acompañamiento digital y la atención profesional real», explica.

El activismo que nació del dolor

Algunas mujeres decidieron ir más allá de compartir su historia personal y convertir su experiencia en acción colectiva. Colectivas como Mente Libre en Guadalajara o Raíces Emocionales en Puebla ofrecen círculos de escucha gratuitos, talleres de manejo de emociones y conexión con psicólogas que trabajan a precios accesibles o bajo esquemas de pago voluntario.

«Nos dimos cuenta de que el acceso a la salud mental en México es profundamente desigual. Si tienes dinero, puedes ir a terapia. Si no, aguantas. Y eso no puede seguir así», dice Rocío Valdés, una de las fundadoras de Mente Libre. El colectivo nació en 2021 con cuatro amigas y hoy reúne a más de 200 mujeres activas en sus círculos semanales.

En comunidades indígenas, el reto es aún mayor. La psicóloga zapoteca Itzel Martínez trabaja en la Sierra Norte de Oaxaca integrando saberes comunitarios con herramientas de la psicología occidental. «Aquí no puedes llegar y hablar de 'ansiedad' como si nada. Tienes que escuchar primero, entender cómo la gente nombra su malestar, qué palabras usa. La salud mental también tiene que ser culturalmente honesta», señala.

De generación en generación

Quizás el cambio más profundo está ocurriendo en los hogares. Las jóvenes de entre 18 y 30 años son la generación que más habla de salud mental en México, y muchas de ellas están abriendo conversaciones que sus madres y abuelas nunca pudieron tener.

«Mi mamá nunca fue a terapia. Ella cargó cosas que yo no sé ni cómo nombrar. Pero ahora hablamos. Le cuento lo que aprendo en mis sesiones y ella me cuenta lo que nunca le dijo a nadie», relata Sofía, de 24 años, estudiante en la Universidad Autónoma de México. Esta transmisión inversa —de hija a madre— es un fenómeno que las psicólogas están observando con creciente interés.

Las redes de apoyo intergeneracionales, los grupos de madres e hijas que asisten juntas a talleres, los chats familiares donde por primera vez alguien pregunta «¿cómo estás, de verdad?»: son pequeñas revoluciones cotidianas que están reescribiendo lo que significa cuidarse en este país.

Recursos que existen (y que merecen más difusión)

Para quienes buscan apoyo, en México existen opciones que muchas desconocen. La Línea de la Vida (800 911 2000) ofrece atención psicológica gratuita las 24 horas. El IMSS y el ISSSTE cuentan con servicios de salud mental para derechohabientes. Plataformas como Mindsy o Kuida tu Mente conectan a usuarios con psicólogos certificados a tarifas reducidas.

Pero más allá de los recursos formales, el primer paso —el más difícil y el más poderoso— sigue siendo el mismo: atreverse a decir que algo duele.

Una conversación que no tiene reversa

El silencio alrededor de la salud mental en México se está rompiendo, y son las mujeres quienes están sosteniendo ese proceso con sus voces, sus historias y su organización. No es un camino fácil ni lineal. Hay resistencias familiares, estigmas que se resisten a morir y brechas de acceso que el sistema de salud todavía no ha resuelto.

Pero cada vez que una mujer dice «yo también lo viví» y otra responde «yo también», algo se mueve. Algo sana. Y en ese intercambio sencillo y poderoso está el corazón de un movimiento que, en silencio primero y ahora en voz muy alta, está cambiando la forma en que México cuida a sus mujeres.

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