Ser mamá a mi manera: las mexicanas que están reescribiendo las reglas de la maternidad
Photo: Dorothea Lange, Public domain, via Wikimedia Commons
Durante décadas, el guion parecía escrito de antemano: te casas, formas una familia, te conviertes en madre abnegada y el resto de tu identidad pasa a segundo plano. Pero algo está cambiando en México. Lentamente, con mucha resistencia social y también con mucho valor, miles de mujeres están tomando decisiones que antes eran impensables —o simplemente inconfesables.
No se trata de una moda ni de una importación cultural. Es una transformación que nace desde adentro, desde las conversaciones en los grupos de WhatsApp, en los consultorios de psicología, en las redes sociales y en las sobremesas familiares donde alguien, finalmente, se atreve a decir: "yo no quiero tener hijos" o "yo quiero criarlos diferente".
El peso de una expectativa cultural
En México, la maternidad no es solo un proyecto personal: es una institución. La figura de la madre —sacrificada, presente, omnipotente— está tan arraigada en el imaginario colectivo que cuestionarla puede sentirse como una traición. No es casualidad que el Día de las Madres sea, en muchos sentidos, una celebración más grande que la Navidad.
Según datos del INEGI, la tasa de fecundidad en el país ha caído de manera sostenida en los últimos veinte años. En 2000, una mujer mexicana tenía en promedio 2.7 hijos; para 2022, ese número bajó a 1.8. Los números cuentan una parte de la historia. Las mujeres, otra.
Mariana, 34 años, contadora en Guadalajara, lleva años escuchando la misma pregunta en reuniones familiares: "¿Y para cuándo los niños?" Su respuesta sigue siendo la misma: "Para nunca." "Al principio me daba culpa decirlo tan directo", cuenta. "Pero llegó un momento en que me cansé de suavizarlo. No quiero ser mamá y eso no me hace menos mujer ni menos mexicana."
Su experiencia no es aislada. El movimiento childfree —mujeres que eligen deliberadamente no tener hijos— ha ganado visibilidad en México, aunque todavía enfrenta un estigma considerable. La presión viene de todos lados: la familia, los médicos que se niegan a practicar ligaduras a mujeres jóvenes sin hijos, y una cultura popular que sigue retratando la maternidad como el destino natural de toda mujer.
Criar diferente: entre la crianza con apego y las familias diversas
Para quienes sí eligen ser madres, el cuestionamiento no termina con el parto. Hoy, muchas mexicanas están adoptando modelos de crianza que chocan con lo que aprendieron de sus propias madres y abuelas.
La crianza con apego, que promueve el contacto físico constante, la lactancia prolongada y la escucha emocional activa, ha encontrado una comunidad activa en ciudades como Ciudad de México, Monterrey y Oaxaca. Pero también ha generado debates: ¿es liberador o es otra forma de exigirle más a las mujeres?
"Yo quería criar con más conciencia que como me criaron a mí", dice Sofía, 31 años, madre de una niña de tres años en la CDMX. "Pero también tuve que aprender a poner límites, a no sacrificarme al punto de desaparecer. La maternidad consciente no significa martirio."
En paralelo, las familias monoparentales encabezadas por mujeres representan ya casi el 25% de los hogares mexicanos, según cifras del INEGI. Muchas de estas madres no eligieron la soltería, pero sí han elegido cómo construir su familia desde ahí: con redes de apoyo, con otras madres, con la comunidad.
Y luego están las familias homoparentales. Aunque el matrimonio igualitario avanza en México —ya es legal en todos los estados—, las parejas de mujeres que deciden ser madres siguen enfrentando barreras legales, médicas y sociales que sus contrapartes heterosexuales no conocen.
La maternidad compartida: cuando el pueblo sí cría al niño
Hay otro modelo que, curiosamente, está resurgiendo con fuerza: la crianza en comunidad. Inspiradas en parte por las estructuras comunitarias indígenas y en parte por la necesidad práctica, algunas mujeres están apostando por criar en colectivo.
En colonias populares de ciudades como Puebla o en comunidades rurales de Chiapas y Oaxaca, no es raro que varias familias compartan el cuidado de los niños, que las abuelas, tías y vecinas sean parte activa de la crianza. Lo que antes era una necesidad económica, hoy algunas lo reivindican como una elección política: el cuidado no puede ni debe recaer sobre una sola persona.
"Mi hija tiene muchas mamás", dice con orgullo Carmen, integrante de una cooperativa de cuidados en Xochimilco. "Y eso no le quita nada. Al contrario, le da más."
Lo que nos dice este cambio sobre México
Que las mexicanas estén cuestionando la maternidad no es una señal de crisis, sino de madurez colectiva. Es la evidencia de que las mujeres están, cada vez más, tomando decisiones desde la autonomía y no desde la obligación.
Claro que no todo es color de rosa. La falta de políticas públicas de cuidado, la brecha salarial que castiga a las madres en el mercado laboral, la violencia obstétrica y la ausencia de corresponsabilidad masculina siguen siendo obstáculos reales y urgentes.
Pero en medio de todo eso, hay mujeres que están eligiendo. Y eso, en un país con la historia que tiene México, ya es una revolución.
Sea cual sea el camino que elijas —ser madre o no serlo, criar sola o en comunidad, con apego o con estructura—, lo importante es que sea tu decisión. Eso es lo que estas mexicanas nos están enseñando, una historia a la vez.