Ya no somos invitadas: el fútbol femenil se adueñó de las gradas mexicanas
Photo: Tulane Public Relations, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Hay un sonido que las canchas mexicanas no conocían hace diez años: el de miles de voces femeninas cantando de corrido, sin pedir permiso, en unas gradas que por décadas fueron territorio de hombres.
El fútbol femenil en México dejó de ser un experimento para volverse una fiesta. Y como toda fiesta buena, las mexicanas no llegaron de invitadas: llegaron a quedarse.
Del 'no es para niñas' a las semifinales
Cuando nació la Liga MX Femenil en 2017, muchas lo vieron con desdén. Hoy, las finales se juegan con estadios que rebosan y las jugadoras —que al inicio combinaban los entrenamientos con otros chambas para sobrevivir— tienen contratos, sponsors y niñas que les piden autógrafos.
'Yo crecí escuchando que el fútbol no era cosa de mujeres. Ahora mi hija me dice que quiere ser como las de la Selección. Ese cambio no tiene precio', nos cuenta Marisol, aficionada de las Águilas desde que era chiquita.
Las barras que crearon su propia cultura
En las gradas nació algo más grande que el deporte: comunidad. Barras femeninas por todo el país —desde las Guerreras hasta colectivos independientes— han organizado su propia forma de vivir la afición, con cantos propios, dinámicas de apoyo mutuo y hasta colectas para causas sociales.
No ha sido fácil. Varias de estas mujeres han tenido que abrirse paso entre machismo en las gradas y miradas de soslayo. Pero cada vez que llenan una sección con banderas y voz, mandan un mensaje claro: el estadio también es su casa.
Entrenadoras y referentes: el siguiente partido
El reto sigue en los banquillos y las directivas, donde las mujeres todavía son minoría. Pero las entrenadoras que ya dirigen equipos profesionales están abriendo la puerta para las que vienen, y cada niña que hoy ve a una mujer dirigiendo desde la línea de cal entiende que no hay techo que valga.
Porque eso es, al final, lo que el fútbol femenil le está regalando a México: la prueba de que cuando las mujeres ocupan un espacio, no solo lo llenan. Lo transforman. Y de qué manera.